Ana Beatriz Veliz: Departamento de Compras
Ana Beatriz Veliz es la viva imagen de una madre moderna que atiende a su hijo Javier y a su esposo Jorge. A pesar de trabajar todo el día y estar pendiente de los procesos de compras de la corporación, ha tenido la “dicha”, según sus palabras, de convertirse en maestra de la persona más importante de su vida, su pequeño hijo que cursa este año sus primeras letras.
Entender las necesidades de la familia en tiempos de confinamiento ha sido uno de sus principales retos, “comprender que la inteligencia emocional es vital para la familia, para mi, ha sido sin lugar a dudas lo más complejo del encierro”, nos cuenta.
Sin embargo esto no la ha detenido: al contrario, el día para ella comienza temprano con el desayuno, con los besos y abrazos de Javier, que son la fuerza que necesita para afrontar el día.
El trabajo lo desempeña con pasión, el equipo de compras no puede parar y el uso de la tecnología ha sido vital para no perder de vista las metas que se plantearon para este año. “Hemos reforzado nuestra visión como equipo, nuestro compromiso y entrega para ser mejores” relata.
Aunque el día puede ser largo, siempre hay un espacio para respirar y observar su hogar para poder entenderlo. “Antes no cocinaba y ahora hasta fotos les mando a todos de lo que hacemos en la cocina”, nos cuenta con una sonrisa que se escucha honesta.
“Cuando nos toca estudiar, he tenido la oportunidad de ver cómo su pequeño mundo se transforma”. Y es que según Ana Beatríz el lazo se entre madre e hijo se ha fortalecido, ha sido capaz de ver todos los avances y sonrisas de su pequeño. “Hace unos días teníamos que repasar los números del 1 hasta el 15, y me dí cuenta que ya sabe contar hasta el 20; y eso, eso es un privilegio donde el tiempo para mi se detiene”.
Claudia Tabín: Asuntos Corporativos
Hay historias que son hermosas porque el narrador las convierte en algo especial, y este es uno es uno de esos casos. Pablo y Claudia Tabín, comparten dos vínculos que los llenan de pasión y alegría. Son madre e hijo y también son compañeros de trabajo en la planta San Gabriel de Cementos Progreso.

Pablo es de pocas palabras pero muy honesto cuando describe a su madre, “Ella es mi ejemplo y mi fuerza, desde pequeño siempre ví su esfuerzo para sacarme adelante, y aunque exigente muchas veces, su amor siempre sobresalía en las adversidades”.
Claudia Tabín fue madre soltera pero eso jamás le impidió darle lo mejor a su hijo que ahora es ingeniero, y un miembro más del equipo de la planta. “Ella siempre me motivó a buscar un empleo en Progreso por los valores de la compañía, por el compromiso que la empresa tiene con sus colaboradores y el compromiso de los colaboradores por ser siempre los mejores” afirma.
Como compañeros de trabajo, Pablo nos cuenta que las relaciones entre ambos son profesionales y claras. Claudia coordina el Programa de visita a plantas, “CemproAmigos”. A veces ella trae a grupos de personas cuando estoy de turno y sin titubear me pide que les explique el proceso técnico a los invitados” nos cuenta Pablo, “Y aunque esto podría verse incómodo, para nosotros es normal y profesional por el compromiso que tenemos con la empresa y con nuestra familia” señala.
Sin embargo esta rutina ha variado en el tiempo del confinamiento. Desde que comenzó la pandemia, Claudia trabaja desde casa y se ha convertido “aún más” según Pablo, en una madre amorosa, comprensiva y tierna.
“Es una fortuna tenerla como madre, su ejemplo y perseverancia me han llevado a ser un mejor hombre, y un ejemplo también para mi hermano menor que ahora crece viendo como Cementos Progreso es parte de nuestra vida”.
A veces las palabras son cortas para que podamos expresar lo que sentimos por alguien, el cariño y el respeto son demasiado grandes y Pablo no encuentra un adjetivo que pueda describir a su madre. Lo piensa por un momento, y luego responde: “Su espíritu inquebrantable es la fuerza de nuestra familia. Me siento agradecido y dichoso”. Pablo sonríe mientras piensa en su madre, es un hijo agradecido.
María del Carmen Guzmán: Departamento de Compras
El confinamiento para María del Carmen sumó un reto y un privilegio único como ella lo menciona. Resguardar la salud de su madre, diagnosticada con una enfermedad mental que no le permite estar sola.
Aunque no es un escenario común, ella, en compañía de sus dos hijas y de su esposo, hacen de esta experiencia un momento único y de valor. “Nos hemos convertido en una familia fuerte y amorosa, en donde todos cuidamos de todos” asegura con firmeza.
La enfermedad de su madre transformó la cotidianidad de su vida. “Ella se convirtió en una niña pequeña de nuevo; me sigue por toda la casa y aunque al principio fue difícil, encontramos la forma de sobrellevar la enfermedad y nuestras actividades” relata.
Ambas, han encontrado en la cocina, la forma de agradecer a la familia por todos los cuidados. “Hacemos las recetas que ella me enseñó hace años y con esto honramos a nuestra familia, porque si alguien te ama, te va a cocinar”.
Maria del Carmen tienen muy clara su responsabilidad laboral y comparte la alegría de tener un equipo de trabajo fantástico. “Más que compañeros de trabajo, somos una familia que ahora no se puede ver físicamente, pero que usando la tecnología sigue honrando el valor y la dicha de tener un empleo digno”.
Toda esta situación, como lo menciona, ha sido una bendición pues le ha permitido reencontrar a su familia. “Habían cosas que yo no conocía de mis hijas, de sus hábitos y volver a reencontrarnos fue una oportunidad. Es un tiempo de reconciliación. Nos estamos dando amor, compresión y viceversa”.
Cada vez que menciona los cuidados y la relación con su madre, hace pausas breves, y después retoma la lógica del argumento y con una sonrisa y nos cuenta: “Estamos devolviendo todo el amor que mi madre nos dió en su momento. Ella está cosechando lo que sembró y no hay nada más valioso que reconocer con amor. El amor con amor se paga”.
Cristiana Amenábar: Fundación Carlos F. Novella
Cristiana es toda una institución en la Fundación Carlos F. Novella. Sus consejos, su visión de la vida, la han convertido en un pilar fundamental de su familia y de muchas personas que han llenado infinitamente su corazón.
Confinada desde hace seis semanas, la preocupación que siente por los más de 3 mil 500 estudiantes y beneficiarios que atiende no es menor. Es una responsabilidad gigantesca que muy pocas personas podrían cargar; está muy consiente que retos laborales, los equipos, la coordinación y el cambio de paradigma para poder llegar a los beneficiarios en las comunidades es urgente y necesario.
“Estamos en una situación muy particular, donde debemos entendernos, ser compasivos con nosotros mismos y entender que estamos siendo parte de algo muy importante”, señala.
Y es que a veces, la ansiedad por entender el tiempo nos lleva a desvalorizar muchas de las cosas que hacemos. “Siempre le digo a mi equipo que somos valiosos, valiosos para el país y para las comunidades; valiosos para nuestras familias”.
Aunque ninguno de sus tres hijos vive con ella, tienen la fortuna de cuidarlos a la distancia. “Siempre nos comunicamos y hablamos de las cosas que estamos viviendo”. Su esposo es el único que sale de casa y han tomado todas las medidas necesarias para cuidarse.
Tener una responsabilidad tan grande con tanta gente es un honor relata; “Hay que ser agradecidos con esto, aunque ahora las cosas no están bien seremos más fuertes y tendremos más fuerzas para servir, porque al final de cuentas un servidor es una persona afortunada.